Las Fuerzas Armadas de Irán se pronunciaron este sábado sobre las protestas que sacuden el país, acusando a Israel y a "grupos terroristas hostiles" de aprovechar la situación para alterar la seguridad y el orden en el territorio.
"El enemigo, cuyas manos se mancharon con la sangre de los hijos de esta nación durante la 'guerra de 12 días', pretende —bajo el falso pretexto de apoyar al pueblo de Irán— provocar otra rebelión", señala el comunicado castrense, citado por Tasnim.
Al mismo tiempo, las Fuerzas Armadas pidieron a la sociedad iraní mantener la "unidad y la cohesión nacional" para impedir al "enemigo" que alcance "sus objetivos siniestros".
"El Ejército […] protegerá y resguardará con firmeza los intereses nacionales, la infraestructura estratégica del país y los bienes públicos", concluye el comunicado.
Advertencias sobre injerencias externas
Previamente, el principal funcionario de seguridad de Irán, Alí Larijani, afirmó que el país está "en medio de una guerra" y atribuyó a "corrientes extranjeras" el fomento de protestas violentas y el caos.
El alto cargo advirtió que los "enemigos" de la República Islámica convirtieron a manifestantes pacíficos en un "grupo urbano casi terrorista". "Convirtieron las protestas de comerciantes en una guerra con armas de fuego, cócteles molotov y peleas callejeras", aseveró.
Protestas en Irán
Las protestas en Irán, que han estado activas desde finales de diciembre, se han producido en un escenario de crisis económica y fuerte depreciación de la moneda nacional, y se han expandido por todo el país.
Las demandas de los manifestantes se centran en el deterioro de las condiciones de vida, y están marcadas por la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y el descontento con la gestión gubernamental.
El presidente estadounidense amenazó con intervenir en Irán si se producían muertes de manifestantes. Mientras, Jerusalem Post reportó el lunes que EE.UU. está considerando una intervención dirigida a apoyar a los manifestantes en Irán, mientras que Israel estudia si el reciente secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, podría establecer un precedente aplicable al Gobierno iraní.
Frente a las declaraciones hostiles, Teherán acusó a Washington y Tel Aviv de instrumentalizar protestas como parte de una "guerra blanda", advirtiéndoles severamente que no interfirieran en los asuntos internos de la República Islámica.
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