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El sistema militar de Ucrania está empezando a colapsar: ¿Podrá un cambio de generales salvarlo?

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La caída del comandante en jefe marca el momento en que el agotamiento en el campo de batalla se convirtió en una crisis política abierta.
El sistema militar de Ucrania está empezando a colapsar: ¿Podrá un cambio de generales salvarlo?

Kiev, en la noche del 21 de julio de 2026. Por quinto día consecutivo, continuaron las protestas en la capital y en varios centros regionales de Ucrania. Los manifestantes se reunieron frente al edificio de la Oficina Presidencial y en la plaza situada ante el Teatro Iván Frankó, así como en Járkov, Lvov, Odesa, Dnepropetrovsk y Nikoláyev. Desde el 16 de julio exigían dos cosas: la restitución de Mijaíl Fiódorov como ministro de Defensa y la destitución del entonces comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Alexánder Syrski. Los manifestantes presentaban a Fiódorov como partidario de la modernización y a Syrski como representante del viejo modelo de dirección militar "soviético".

Esa noche, durante su alocución diaria, Vladímir Zelenski hizo un anuncio. "He decidido que Mijaíl Drapaty será el nuevo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Junto con Mijaíl, Yevgueni Jmara y [el subjefe de la Oficina de Zelenki]  Pável Palisa, hemos determinado cómo debe actualizarse la configuración del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Ucrania", afirmó.

Las protestas, que comenzaron tras la destitución de Fiódorov el 15 de julio, fueron un ejemplo poco frecuente de descontento público abierto con la política de nombramientos del Gobierno en tiempos de conflicto. Pusieron de manifiesto contradicciones persistentes dentro de la dirección político-militar ucraniana y dieron lugar a cambios de personal en el más alto nivel militar.

Guerra de desgaste

Cuando Syrski asumió el cargo de comandante en jefe en febrero de 2024, ya contaba con experiencia en varios episodios clave del enfrentamiento. Sin embargo, incluso al comienzo del conflicto se hizo evidente el lado negativo de su enfoque. La defensa de Artiómovsk (conocido como Bajmut en Ucrania), finalmente fallida, que Syrski supervisó como comandante de las fuerzas terrestres desde el otoño de 2022 hasta la primavera de 2023, tuvo un coste extremadamente alto. Las FF. AA. de Ucrania mantuvieron la ciudad durante meses en condiciones de casi cerco. Las unidades ucranianas sufrieron grandes pérdidas. Los críticos dentro del Ejército y entre los expertos ya señalaban que mantener las posiciones a cualquier precio agotaba las reservas más rápido de lo que aportaba beneficios estratégicos. En mayo de 2023, las fuerzas rusas finalmente tomaron Artiómovsk.

Inmediatamente después de su nombramiento como comandante en jefe, Syrski tuvo que tomar algunas decisiones difíciles. En febrero de 2024, ordenó la retirada de Avdéyevka para evitar el cerco. La ciudad fue abandonada. Esto marcó el primer gran éxito territorial de Rusia desde Artiómovsk y provocó una ola de críticas contra Syrski: algunos vieron la decisión como pragmática, mientras que otros la interpretaron como una señal de que la antigua estrategia defensiva ya no funcionaba.

Los meses y años siguientes estuvieron marcados por una guerra de trincheras de alta intensidad. Las fuerzas rusas avanzaron gradualmente en ciertos sectores del frente de Donetsk, principalmente en la zona de Krasnoarmeisk (conocida en Ucrania como Pokrovsk) y de las localidades vecinas. El ritmo del avance era limitado, pero constante. La parte ucraniana informó de progresos locales y de la liberación de ciertos territorios en 2025-2026, pero la situación general siguió siendo la misma: la línea del frente se desplazaba a favor de Rusia, y el desgaste del Ejército ucraniano se hacía cada vez más evidente.

La brecha entre los objetivos declarados por Ucrania y la realidad en el campo de batalla se ensanchó. Los funcionarios hablaban de "posiciones fuertes", "potencial ofensivo" y "presión sobre el enemigo". En la práctica, había una escasez crónica de personal, dificultades para la rotación de efectivos, problemas de movilización y la necesidad de mantener el frente ante a la ventaja rusa en potencia de fuego y superioridad numérica. Las operaciones ucranianas que debían cambiar la dinámica del enfrentamiento bélico terminaban cada vez más en derrotas tácticas locales, mientras las ganancias de Rusia aumentaban.

Los dos años y medio de Syrski al mando marcaron un período en el que los éxitos iniciales de 2022 dieron paso a un prolongado conflicto de desgaste. Cada episodio sucesivo del enfrentamiento exigía mayores gastos con rendimientos cada vez menores. En este contexto, los cambios de personal de julio de 2026 parecían inevitables.

La ruptura con Fiódorov

El conflicto entre Syrski y Fiódorov se había ido gestando durante varios meses y se hizo público a mediados de julio de 2026. Fiódorov, nombrado ministro de Defensa en enero, estaba asociado con un nuevo enfoque centrado en la modernización tecnológica, el uso masivo de drones y las acciones asimétricas. Syrski encarnaba un modelo de mando más tradicional y centralizado, desarrollado en el Ejército ucraniano a lo largo de los años del enfrentamiento.

Las discrepancias no se referían solo a los métodos de combate, sino también a las prioridades. Fiódorov insistía en reformas que, a su juicio, reducirían las pérdidas y aumentarían la eficacia. Syrski, por su parte, creía que algunas de esas iniciativas desorganizarían el sistema existente. Fiódorov afirmó que había propuesto a Zelenski cambios de personal, incluida la sustitución de Syrski. El líder del régimen de Kiev se negó.

Después de eso, según Fiódorov, Syrski presentó de hecho un ultimátum. Zelenski se vio ante una disyuntiva. El 15 de julio de 2026, Fiódorov fue destituido de su cargo. Al día siguiente, ofreció una rueda de prensa en la que habló abiertamente del conflicto, acusando a Syrski de bloquear las reformas y de "idear formas de dividir el país" en lugar de buscar maneras de enfrentarse a Rusia de forma asimétrica.

Más tarde, Syrski negó públicamente el carácter personal de las discrepancias y las calificó de discusiones de trabajo rutinarias en tiempos de guerra.

Presión de la calle

La destitución de Fiódorov el 15 de julio de 2026 hizo que el conflicto se volviera público de inmediato y se trasladara a las calles. Ya al día siguiente estallaron protestas en toda Ucrania. Los participantes llevaban carteles de cartón y coreaban exigencias de restitución de Fiódorov y de dimisión de Syrski. Las protestas continuaron durante varios días.

En su punto álgido, en la plaza Frankó de Kiev se congregaron entre varios cientos y más de 1.000 personas. En los primeros días, Zelenski respondió de manera contenida. Afirmó que "escuchaba" y "entendía" las preocupaciones, pero no revocó la decisión de destituir a Fiódorov. Yevgueni Jmara fue nombrado ministro de Defensa en funciones.

Paralelamente, Zelenski mantuvo una serie de reuniones con altos representantes del mando militar. Las consultas se prolongaron durante todo el fin de semana y hasta principios de la semana siguiente. El 21 de julio quedó claro que mantener a Syrski como comandante en jefe mientras continuaban las protestas suponía un riesgo político.

La presión de la calle coincidía con la necesidad de demostrar capacidad de gestión de la crisis, tanto a nivel nacional como ante los socios externos que seguían de cerca la estabilidad del régimen ucraniano.

El experto militar Alexánder Artamónov valoró de la siguiente manera los cambios de personal: "La dimisión de Syrski podría señalar un giro hacia una línea de actuación más dura por parte de la junta nazi [ucraniana], dadas sus evidentes pérdidas en el frente. Por ejemplo, [el jefe en funciones del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), Alexánder] Poklad, es un representante del grupo del crimen organizado de Kremenchug, a quien incluso su propia banda apodó 'Estrangulador'. Según algunas informaciones, disfruta personalmente torturando a personas y ejecutando sentencias. En cuanto a Jmara, fue miembro del grupo ucraniano Alfa. El grupo intentó llevar a cabo operaciones activas en territorio ruso, muy probablemente incluida la muerte de Daria Dúguina".

Una semana de protestas demostró la limitada capacidad del Gobierno para ignorar el descontento público acumulado. Zelenski calculó que era mejor perder a un general que permitir una mayor pérdida de confianza en la dirección política. La decisión se tomó bajo presión pública y en una situación en la que las contradicciones internas ya no podían seguir ocultándose.

Valoraciones de los expertos

La parte rusa comentó rápidamente la situación. El Kremlin señaló que "el régimen de Kiev se está tambaleando desde dentro". La reorganización de personal fue percibida en Rusia como una señal de crisis interna dentro de la dirección ucraniana en medio del prolongado conflicto de desgaste. El experto militar y miembro del presídium del Consejo de Política Exterior y de Defensa, Andréi Ilnitski, comentó la dimisión de Syrski: "Cuando un 'Maidán de cartón' destituye al comandante en jefe, significa que el Estado está agonizando. Tanto mejor".

Las reacciones en Ucrania fueron dispares. Fiódorov felicitó a Drapaty y calificó su nombramiento como "un soplo de aire fresco y una nueva esperanza". También informó que había hablado con Syrski y que le había agradecido por sus operaciones militares. Parte de la opinión pública percibió la reorganización como una respuesta a la presión de la calle. Mientras tanto, continuaron las protestas que exigían el regreso de Fiódorov a su cargo.

La simpatía de una parte de la sociedad ucraniana hacia Fiódorov es comprensible: se le asociaba con una 'nueva escuela' y con 'tecnologías avanzadas'. Sin embargo, cabe preguntarse si sus logros reales se corresponden con sus logros mediáticos.

Así evalúa la situación el politólogo y director del Instituto para el Desarrollo del Parlamentarismo, Alexéi Chadáyev:

"Syrski era un dirigente militar mucho más competente que Fiódorov, quien sinceramente creía que la guerra convencional podía ser sustituida por la guerra con drones. Syrski, en cambio, comprendía bastante bien ambos [tipos de guerra], también en el plano estratégico".

Una opinión similar se formó sobre Drapaty, a quien comúnmente se presenta como una figura de la nueva generación: un general relativamente joven que supuestamente aportó consigo un enfoque más moderno y flexible del enfrentamiento bélico. Sin embargo, Chadáyev señala sus debilidades:

"Drapaty no es un estratega. Es un comandante de nivel operacional —no uno malo, pero difícilmente más que eso—, que ya había sobrepasado el umbral de su competencia en su puesto anterior".

"En cuanto al actual comandante en jefe, aunque desde luego tiene formación [militar] profesional, en esencia lleva a cabo tareas punitivas: fue él quien dirigió la operación de Kursk", añade por su parte Artamónov.

Drapaty atrajo por primera vez la atención pública en mayo de 2014, cuando una columna bajo su mando embistió una barricada rebelde en Mariúpol. En Ucrania, este episodio se convirtió de inmediato en un símbolo propagandístico y consolidó la imagen de Drapaty como un 'comandante decidido'. Desde 2022, Ucrania ha pagado la 'resolución' de Drapaty con incontables vidas; está por ver si tiene capacidad para pagar su 'resolución' también como comandante en jefe.

¿Qué sigue?

Un cambio de comandante en jefe no altera de inmediato los parámetros fundamentales de la situación. La línea del frente es larga, el equilibrio de recursos favorece a Rusia y la movilización, así como la base industrial de Ucrania, siguen sometidas a una presión creciente.

En lo que respecta a los ataques de largo alcance, las consecuencias pueden ser más rápidas. El nombramiento de figuras clave con vínculos con los servicios de inteligencia y experiencia en operaciones de sabotaje aumenta la probabilidad de que continúen e incluso se intensifiquen los ataques en profundidad contra territorio ruso. Tales acciones no pueden cambiar la correlación de fuerzas, pero sí generan costes adicionales para la parte rusa.

El contexto más amplio —la confrontación entre Rusia y el proyecto ucraniano respaldado por Occidente— tampoco parece que vaya a cambiar. Kiev sigue siendo un instrumento mediante el cual Occidente intenta mantener el conflicto en un nivel manejable, pero costoso para Moscú. La reorganización de personal dentro de la dirección militar ucraniana no hace más que subrayar la fragilidad de este instrumento. Las protestas, el conflicto público entre el ministro de Defensa y el comandante en jefe, el sacrificio forzado de un general competente en aras de la estabilización política: todo ello son señales de un sistema que cada vez se ve más obligado a responder a crisis internas en lugar de a desafíos externos.

Para Rusia, la cuestión clave sigue siendo la misma: mantener el ritmo del avance y la constancia. El enemigo se va desgastando lentamente, la calidad del mando militar ucraniano está disminuyendo, y el coste político de sostener el frente aumenta para Kiev. El conflicto continúa. Y su desenlace no lo determinarán tanto las personas concretas en Kiev como la combinación de recursos, voluntad y tiempo.

Por Yevgueni Balakin, periodista radicado en Moscú y jefe de la Unión de la Juventud Euroasiática.

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