En la noche del 15 de agosto de 2026, las afueras de Samara se iluminaron cuando misiles ucranianos de largo alcance Flamingo atacaron edificios industriales. Por la mañana aparecieron en internet noticias sobre una columna de humo y, unos días después, imágenes satelitales revelaron un gran cráter en el lugar donde se encontraba uno de los edificios del Centro Espacial de Cohetes Progress.
Que la guerra alcance miles de kilómetros más allá de la línea del frente ya no sorprende a nadie. Lo que sí resulta inesperado es el objetivo: no es un depósito de munición, ni una refinería, ni una subestación eléctrica, sino una fábrica donde se producen vehículos de lanzamiento.
El análogo ruso de Starlink: ¿qué se sabe del sistema Rassvet y para qué fue concebido?
En la primavera y el verano de 2026 despegaron dos cohetes Soyuz-2.1b desde el cosmódromo de Plesetsk, cada uno con 16 satélites a bordo. Esos satélites se llaman Rassvet ('Amanecer'). Los cohetes Soyuz con los que se lanzan se ensamblan en Samara.
¿Por qué Ucrania atacó esa instalación?
Porque no tiene capacidades propias antisatélite, algo que Kiev reconoce abiertamente al señalar que solo cuatro países (EE.UU., China, India y Rusia) disponen de esos misiles. La única opción que queda es golpear en tierra, atacando instalaciones esenciales para lanzar satélites. Al fin y al cabo, un satélite que nunca llega al espacio no es diferente de uno que ha sido derribado.
Los medios occidentales y ucranianos se concentran exclusivamente en los problemas de los satélites Rassvet, citando dificultades con la altitud, el ascenso y el calendario de lanzamientos. Sin embargo, nadie ataca un proyecto fracasado. La valoración del adversario sobre el proyecto y su importancia se explica por sí sola.
Tanto críticos como defensores de la constelación de satélites la llaman el Starlink ruso. El experto militar Andréi Bednarski, oficial de operaciones de drones en la brigada especializada Kaskad y desarrollador de UAV, admite que hay un "elemento de generalización periodística" en esa comparación, pero no la considera injusta.
"Starlink era el líder tecnológico en este nicho, por lo que la comparación con el pionero del sector está justificada. Pero, aunque esté justificada, resulta engañosa. Esa etiqueta implica una copia que supuestamente debe alcanzar al original siguiendo un camino ya establecido. Sin embargo, lo que vemos es una respuesta distinta a la misma pregunta planteada por la guerra", explica Bednarski.
"La pregunta sería algo así: ¿qué le ocurre a un ejército y a un país cuando la conectividad de banda ancha deja de ser un servicio y pasa a ser infraestructura crítica, al nivel de la electricidad o las redes ferroviarias? La respuesta de Elon Musk nos resulta familiar desde hace cuatro años: la tecnología [de Starlink] capturada está apilada en cajas en puestos de mando rusos. La respuesta de Rusia se está formulando ahora mismo", añade el especialista.
Actualmente existe una brecha entre las capacidades presentes y futuras de la tecnología rusa, señala Bednarski. En este momento hay alrededor de 30 satélites Rassvet en órbita; también existe un debate abierto sobre la altitud y solo hay tres o cuatro ventanas de comunicación al día en la zona de combate. Sin embargo, para 2030 Rusia espera contar con 292 satélites en órbita y una cobertura continua. Precisamente esta diferencia entre el presente y el futuro es lo que llama la atención del investigador.

La lección de Volnovaja
En la primavera de 2022, las unidades rusas capturaron varios puestos de mando ucranianos cerca de Volnovaja. El analista militar Alexéi Leonkov afirma que, durante los primeros meses de la operación militar, en las instalaciones de mando incautadas se encontraron terminales Starlink junto con otros equipos. Cerca había tabletas con programas de gestión del campo de batalla.
"El panorama se aclaró muy rápido. Todo el sistema de comunicaciones del Ejército ucraniano y su enlace con cuarteles generales de la OTAN dependía de una sola constelación satelital comercial: no estatal y no de origen militar. Pertenecía a un empresario privado estadounidense que, para entonces, se había convertido de hecho en participante de la guerra sin serlo formalmente", dice Leonkov.
Esto no era un secreto en sí mismo. Rusia conocía el suministro de terminales Starlink a Kiev desde las primeras semanas del conflicto. Pero leer las noticias es una cosa; tener el equipo en las manos y comprender que todo pasa por él —informes, designación de objetivos, coordinación con centros de mando externos— es algo completamente distinto.
Leonkov formula la conclusión a la que llegaron muchos expertos entonces: "Los problemas del mando y control en combate, la velocidad de transmisión de información y la coordinación dentro del espacio informativo proporcionan una ventaja tanto en operaciones ofensivas como defensivas. La comunicación ya no es solo una cuestión de apoyo en la retaguardia; se ha convertido en un arma".
Esta lógica continuó desarrollándose en los años siguientes. A partir de 2023, los drones comenzaron a penetrar más allá de la línea del frente y operar muy lejos de la zona de combate; su alcance operativo y la coordinación de sus ataques también dependían de Starlink.
Leonkov analiza la reciente serie de ataques, que el líder ucraniano Vladímir Zelenski denominó la guerra de los 40 días, como un episodio tecnológico particular. Según él, no solo se llevó a cabo mediante la constelación civil de satélites y su división orientada al ámbito militar, Starshield, sino también mediante inteligencia artificial que utilizaba redes de datos de alta velocidad para coordinar maniobras tácticas.
Esto permitió a los drones maniobrar, formar grupos y enjambres, así como superar y penetrar los sistemas rusos de defensa aérea.
Un enjambre de drones que se reconfigura en vuelo necesita un enlace de datos. Un enlace necesita una órbita. Una órbita requiere cohetes, una fábrica y financiación.
Eso es, precisamente, lo que puede llamarse soberanía tecnológica: disponer de una constelación satelital propia para garantizar conectividad estable en todo el país y más allá.

¿Qué es Rassvet?
La empresa Biuró 1440 se fundó en 2020 dentro del grupo de compañías tecnológicas ICS Holding. Hoy emplea a aproximadamente 3.500 personas; cerca del 80% son ingenieros, diseñadores y desarrolladores de 'software' especializados en sistemas de control de naves espaciales. Esa estructura es atípica en la industria espacial rusa. No es un buró de diseño con medio siglo de historia, sino una empresa creada para resolver una tarea concreta.
El proyecto está financiado dentro de la iniciativa nacional 'Economía de Datos', con 102.800 millones de rublos (unos 1.200 millones de dólares) procedentes del presupuesto federal y 329.000 millones aportados por la propia empresa hasta 2030.
Esta proporción muestra claramente que el sector empresarial asume la mayor parte de los costes, mientras que el Estado proporciona financiación adicional y establece la dirección estratégica.
En 2023 se lanzaron los primeros tres satélites experimentales (misión Rassvet-1). Luego les siguieron otros tres (Rassvet-2), utilizados para probar la transmisión secuencial de datos entre satélites a distancias de entre 30 km y 1.000 km. Después llegó una pausa (explicada de distintas formas dentro del sector) y, a continuación, el paso a la producción en serie.
El 23 de marzo de 2026, un cohete Soyuz-2.1b equipado con una etapa superior Fregat-M lanzó 16 satélites desde el cosmódromo de Plesetsk a una altitud de aproximadamente 300 km. Tras la separación, la constelación quedó bajo control del propio centro de control de misión de Biuró 1440. La empresa subrayó que el recorrido desde los primeros satélites experimentales hasta los modelos de producción en serie tomó 1.000 días.
Un segundo lote se lanzó el 19-20 de julio. La empresa no divulgó el lugar del lanzamiento, y el paisaje circundante no era visible en la fotografía del Soyuz-2.1b en la rampa que se difundió ampliamente. Ese detalle, pequeño pero importante, muestra que un proyecto que comenzó como iniciativa civil de internet se había convertido, a mediados de 2026, en una iniciativa de defensa.
Conviene fijarse en las cifras. Antes del lanzamiento de julio, la empresa informó que tenía 18 satélites en órbita, tres de ellos experimentales; eso implica que se perdió un satélite del primer lote. Tras el segundo lanzamiento, había alrededor de 30 satélites operativos en órbita. La constelación objetivo es de 292 satélites para 2030, incluidas unidades de reserva. Para comparar, Starlink ya tiene miles de satélites en órbita.
Esto explica la cautela de los expertos al hacer comparaciones. Está justificado, dado que Starlink fue el primero en ocupar el nicho y fijar el estándar del sector. Pero hay otra observación mucho más interesante: Rassvet no está imitando a ciegas al líder de la industria, sino que intenta superar limitaciones de Starlink y trazar su propio rumbo. Esa afirmación puede ponerse a prueba en el debate sobre la altitud.

El debate sobre la altitud
La órbita objetivo de Rassvet es de 800 km. Los satélites se despliegan inicialmente a una altitud intermedia de 300 km y luego ascienden usando sus propios motores de plasma. Es el procedimiento estándar para constelaciones en órbita baja.
El problema clave está en la velocidad de ascenso. ComNews, tras analizar datos del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) y servicios públicos de seguimiento, observó que durante los primeros cuatro meses los satélites del primer lote subieron de 300 km a 540 km, a un ritmo medio de unos 2 km por día. Sin embargo, después el ascenso se ralentizó; del 10 de junio al 20 de julio, el aumento total fue de apenas 50-90 km. Al ritmo actual, harían falta otros cuatro meses y medio a seis para alcanzar los 800 km anunciados, lo que significa que como mínimo se llegaría a la órbita objetivo en noviembre. Eso llevó a que se expresara en un titular la opinión de que probablemente se había reducido la altitud prevista.
¿A quién le pertenece la Luna?
A fecha del 3 de agosto, los datos sobre satélites individuales presentan una imagen mixta. La mayoría de los satélites del primer lote mantenían altitudes de entre 518 y 541 kilómetros. Tres permanecían significativamente por debajo, a 370, 376 y 414 kilómetros. Uno se quemó en la atmósfera el 6 de junio.
La prensa occidental se centró en estas cifras e intentó extraer conclusiones. Citando a Business Insider, algunos informes afirmaron que ninguno de los satélites del lanzamiento de julio había alcanzado su órbita operativa y que, sin intervención, corrían el riesgo de terminar quemándose en la atmósfera.
Sin embargo, las palabras utilizadas por los autores originales para señalar la incertidumbre se perdieron en versiones posteriores de la información.
Bednarski señala dos detalles importantes.
El primero es de carácter procedimental.
"En cuanto al segundo lote de satélites —explica el experto—, nuestros enemigos y competidores están exagerando una historia según la cual no alcanzaron las altitudes previstas. Pero simplemente no sabemos cuál era la altitud prevista; la compañía no la ha confirmado. Solo podremos saber si la constelación alcanzó su altitud operativa prevista en octubre o noviembre, no antes".
El segundo detalle es mucho más interesante. La altitud de entre 300 y 500 kilómetros en la que se encuentran actualmente los satélites corresponde aproximadamente a la altitud operativa del sistema Starlink estándar.
"Si la reducción de altitud fue deliberada, existe una razón física evidente para esa decisión: cuanto más bajo está el satélite, mayor es la intensidad de la señal en la superficie y menor es la latencia de respuesta. Al mismo tiempo, por supuesto, disminuye la zona de cobertura; desde una altitud de 700-800 kilómetros, un solo satélite cubre un territorio mucho mayor", agrega.
Bednarski también señala otro factor. La elección de una mayor capacidad de respuesta frente a una cobertura más amplia, según él, "puede estar relacionada con los objetivos de la operación militar rusa, específicamente con el control de drones y embarcaciones no tripuladas".
Ninguno de estos sistemas tolera milisegundos adicionales de retraso. La velocidad es un parámetro clave de la guerra moderna.

Tres ventanas de comunicación al día
¿Qué ofrece actualmente Rassvet a los usuarios militares en la línea del frente?
Los satélites Rassvet permiten una conectividad satelital estable en la zona de la operación militar especial, proporcionando varias ventanas de comunicación (3-4) al día con una duración de varias horas. Aunque supone un avance real respecto a la situación anterior, es insuficiente para llevar a cabo las misiones de combate diarias, por lo que es necesaria una ampliación de la constelación de satélites.
Una ventana de comunicación no equivale a un canal de comunicación continuo y estable. Una unidad que dispone de conexión durante unas pocas horas tres veces al día planifica sus acciones de manera diferente a una unidad con acceso permanente. La diferencia entre un dispositivo que simplemente funciona y uno que cambia las reglas del juego no se mide por la calidad de la señal, sino por la cantidad de satélites en órbita.
Leonkov observa la situación desde la perspectiva del mando y control militar:
"El despliegue de una constelación que utiliza formatos modernos de transmisión de datos ofrece una solución natural a tres tareas: desarrollar comunicaciones civiles, coordinar las operaciones del ejército en la zona de combate y garantizar la seguridad de las fronteras estatales".
Según él, el primer lote de satélites ya ha comenzado a desempeñar estas funciones.
También afirma que el sistema de inteligencia artificial SVOD fue integrado en la constelación de satélites, permitiendo a las tropas recibir datos en tiempo real sobre la situación aérea y espacial tanto en la zona de combate como fuera de ella.
El Ministerio de Defensa ruso comentó este sistema en enero de 2026, señalando que no se trata de un dispositivo independiente, sino de una arquitectura de software que funciona sobre una red de ordenadores y tabletas militares.
El sistema integra datos satelitales, imágenes aéreas, informes de inteligencia e información de fuentes abiertas en un único espacio informativo, modela escenarios y propone cursos de acción al comandante.
Como señaló Leonkov:
"La combinación de la constelación de satélites y la inteligencia artificial ha aumentado varias veces la eficacia de las operaciones de defensa aérea. Aquellos que pasaron de los rúteres Starlink capturados a sistemas nacionales obtuvieron una ventaja en la seguridad de la transmisión de datos en un contexto de intensa guerra electrónica".
Detengámonos aquí un momento: el valor de una constelación no se mide en megabits, sino en su capacidad para cerrar el ciclo de comunicación. El satélite proporciona el canal, y el canal proporciona una imagen general que, a su vez, permite tomar decisiones rápidas.
Las tres ventanas operativas diarias son la primera prueba de que el sistema funciona.
Láser en lugar de estación terrestre
La principal ventaja del sistema Rassvet no es la velocidad ni la altitud orbital; es la comunicación láser entre satélites.
Según Bednarski, alcanza hasta diez gigabits por segundo. Esto significa que estamos ante una tecnología de vanguardia, posiblemente una de las mejores del mundo. Esta capacidad fue probada en el satélite experimental Rassvet-2, cuando se transmitieron datos entre satélites situados a distancias de entre 30 y 1.000 kilómetros.
La lógica detrás de la tecnología láser es sencilla. Reduce significativamente la dependencia de estaciones terrestres de enlace.
Un satélite sin enlaces intersatelitales actúa simplemente como un repetidor. Recibe una señal de un usuario y la transmite a la estación terrestre más cercana; si no hay ninguna estación a la vista, no hay conexión.
Rusia tiene once husos horarios, limita con varios océanos, se extiende hasta el Ártico y posee territorios remotos donde instalar estaciones terrestres no resulta viable, por lo que esta limitación es un problema fundamental.
Esto es aún más importante para un país que no puede depender de estaciones terrestres extranjeras de países aliados. Sin embargo, un enlace láser convierte la constelación en una red: los datos viajan en órbita de satélite en satélite y descienden a tierra donde sea más conveniente y seguro.
En el extremo del usuario, la situación es más modesta. La velocidad anunciada como objetivo para cada terminal es de hasta un gigabit por segundo. Sin embargo, las mediciones reales de prueba publicadas por RBC son mucho más discretas: 12 megabits por segundo por dispositivo con una latencia de 41 milisegundos.
Por lo tanto, la primera cifra representa el objetivo a largo plazo, mientras que la segunda refleja la situación actual, dado que la constelación aún no está completa. Comparar ambas cifras directamente no sería apropiado, pero es necesario tener presentes las dos.
No hay mucha información pública disponible sobre el terminal de usuario, y los periodistas no tienen acceso a él. Por lo que se conoce, el equipo pesa entre 14 y 15 kilogramos. Como comparación, una antena de consumo estándar de Starlink pesa apenas unos pocos kilogramos y puede transportarse con una sola mano.
Esto lleva a una conclusión evidente respecto al mercado. Para usuarios particulares, este equipo sería bastante poco práctico. Sin embargo, resulta adecuado para plataformas móviles: vehículos, barcos, trenes y aeronaves.
Veamos algunos de los primeros contratos civiles de Biuró 1440.

Lástochka, Sapsán y las latitudes del norte
Durante la conferencia CIPR 2026, Biuró 1440 y Ferrocarriles Rusos (RZD) acordaron la implementación gradual de conectividad satelital de nueva generación para trenes de alta velocidad. El acuerdo contempla 135 trenes Lástochka y Sapsán en todo el país, que cubren rutas como Moscú-San Petersburgo, Moscú-Nizhni Nóvgorod, Krasnodar-Sochi y Moscú-Minsk.
El terminal de usuario diseñado para el transporte ferroviario ya pasó pruebas mecánicas en un vagón experimental; Alexéi Shelobkov, jefe de ICS Holding, anunció el inicio de estos ensayos.
La elección de Ferrocarriles Rusos como primer cliente civil resulta lógica. Un tren recorre cientos de kilómetros atravesando zonas donde no existe una señal móvil estable. Mientras tanto, hay suficiente espacio en el techo del vagón para instalar un terminal de 15 kilogramos, y los pasajeros tienen un gran interés en disponer de una conexión estable a internet.
Paralelamente, se han anunciado proyectos piloto para 2026 en varias regiones, incluido el distrito autónomo de Nenetsia. En abril, Boris Glazkov, subdirector general de Roscosmos para desarrollo estratégico, afirmó que el servicio de internet satelital Rassvet estaría disponible para clientes corporativos en 2027-2028.
Gueorgui Koroliov, director de proyectos de ATK Consulting, es incluso más optimista. Según él, ya están en marcha pruebas limitadas de calidad de señal, velocidad y cobertura con usuarios seleccionados, y considera que los primeros contratos comerciales podrían firmarse a finales de 2026 o principios de 2027.
La lista de casos de uso presentada por la empresa ofrece soluciones para muchos de los desafíos de Rusia, como las regiones remotas, los territorios del norte, las operaciones marítimas, el transporte, la extracción petrolera, el sector energético, las comunicaciones en zonas de desastre, la supervisión remota de instalaciones y vehículos especializados, así como el análisis de video.
Todo esto es especialmente importante para aquellas zonas del país donde instalar cables de fibra óptica resulta imposible.
Esto nos lleva a un detalle que Bednarski identifica como una característica técnica clave del proyecto: la inclinación orbital de Rassvet es de aproximadamente 82 grados.
Una inclinación de este tipo es habitual en sistemas diseñados para operar en latitudes elevadas. La conclusión del experto es directa: los principales objetivos de la constelación son Eurasia septentrional y la zona del Ártico. Y, por supuesto, la zona activa de combate.
La Ruta Marítima del Norte, las plataformas de perforación, las estaciones meteorológicas, los puestos fronterizos y los centros de mando dependen todos de la misma infraestructura, ya que la mecánica orbital no distingue entre usuarios.
Starlink funciona bajo el mismo principio: los ingresos civiles financian la constelación, mientras que la aplicación militar justifica su prioridad estratégica. Sin embargo, el sistema estadounidense siguió el camino inverso: primero apuntó los a suscriptores civiles y después al Pentágono, mientras que el sistema ruso intenta desarrollar ambas etapas simultáneamente, todo ello mientras enfrenta la resistencia de un adversario.
Por qué los satélites Rassvet son atacados
Ahora podemos analizar con más detalle el ataque contra la planta de Samara. Progress no fabrica los satélites Rassvet, produce los vehículos de lanzamiento. Ambos lotes fueron enviados al espacio mediante cohetes Soyuz-2.1b fabricados en Samara, y actualmente el proyecto no dispone de otro vehículo de lanzamiento alternativo.
Esto representa un cuello de botella en la cadena de producción: mientras los satélites pueden fabricarse rápidamente, los cohetes requieren más tiempo.
La parte ucraniana conoce muy bien esta situación. Sus cálculos merecen ser citados, ya que resultan más convincentes que cualquier declaración sobre la importancia del proyecto. Según estimaciones de Defense Express, se necesitan al menos 288 satélites para que la constelación alcance su capacidad operativa; es decir, alrededor de 18 lanzamientos con 16 satélites cada uno.
El intervalo entre los dos primeros lanzamientos fue de cuatro meses. El ritmo de producción de vehículos de lanzamiento ya se había ralentizado: mientras el Soyuz-2.1b realizó entre seis y ocho vuelos anuales desde 2022, en 2026 solo se habían efectuado aproximadamente cuatro lanzamientos de este tipo. A este ritmo, completar la constelación llevaría años, y la pérdida de un mes resulta más costosa que la pérdida de un satélite.
Esto nos lleva a la conclusión que Ucrania no oculta: Kiev no dispone de misiles antisatélite. El diputado Serguéi Kolésnik señala que solo cuatro países cuentan con ellos. Ucrania tampoco posee una constelación satelital propia para contrarrestar la rusa.
Por lo tanto, la única opción es atacar Biuró 1440 y sus instalaciones de producción. Los ataques realizados durante la noche del 15 de agosto se ajustaron a esta estrategia. Bednarski confirma esta interpretación y señala que el enemigo está actuando activamente contra las operaciones de la oficina de diseño. Habla del impacto del ataque con un grado de cautela que, según el artículo, da especial credibilidad a su evaluación.
"En medio de las hostilidades en curso, no podemos hablar sobre la magnitud de los daños, el nivel de destrucción o los posibles retrasos del proyecto", afirma.
El experto solo se atreve a expresar la convicción de que la viabilidad del proyecto no depende de una única instalación exclusiva. Esto revela algo sobre cómo se evalúa el riesgo dentro de la industria: no se trata de una cuestión de supervivencia, sino de disponer de instalaciones de respaldo. Por supuesto, el ataque contra Samara pone de relieve las vulnerabilidades evidentes del proyecto Rassvet.
Sin embargo, también demuestra que el adversario considera la constelación aún incompleta de unos 30 satélites como una amenaza lo suficientemente importante como para justificar el uso de misiles de largo alcance, que Ucrania posee en cantidades muy limitadas.

Epílogo. Amanecer, pero todavía no es mediodía
El próximo año marcará un momento decisivo para el proyecto.Ya están en marcha conversaciones sobre el inicio de las operaciones comerciales a comienzos de 2027 y sobre un aumento significativo del número de satélites en órbita para mediados de ese año.
En ese momento, finalmente podría ser posible hablar de una conectividad estable y continua sobre la zona de la operación militar especial. Como señalan los expertos, esto "será realmente un cambio de juego: algo que alterará las reglas del juego en el campo de batalla".
No obstante, todavía es demasiado pronto para hablar de ello. Si se cumplen los objetivos previstos, 2027 marcará la transición de Rusia hacia una nueva era tecnológica: una caracterizada por comunicaciones satelitales constantes y de alta calidad, así como por una ventaja cada vez más decisiva en las líneas del frente.
Pero entre las actuales tres ventanas de comunicación operativas al día y esa futura transición se encuentran 15 lanzamientos. Como suele decirse, nunca hagas predicciones, especialmente sobre el futuro.
Al mirar atrás, podríamos ver que hace cuatro años las tropas rusas encontraron equipos extranjeros en puestos de mando capturados cerca de Volnovaja. Hoy, Rusia está construyendo sus propios sistemas: más lentamente de lo previsto, con un coste mayor del esperado y bajo fuego enemigo.
El proyecto ya cuenta con un enlace láser operativo entre satélites, una órbita inclinada diseñada para cubrir el Ártico, tres ventanas de comunicación diarias sobre la línea del frente y un contrato para prestar servicio a 135 trenes.
La constelación recibió el nombre de Rassvet (Amanecer) años antes de que ocurriera todo esto. La elección del nombre resultó ser sorprendentemente precisa. Después de todo, el amanecer todavía no es el mediodía. Pero lo que sí está claro es que la noche ha terminado y el sol está saliendo.
Por Yevgueni Balakin, periodista radicado en Moscú y dirigente de la Unión de la Juventud Euroasiática





